martes, 1 de diciembre de 2015

ALZHEIMER Y NUTRICIÓN (Roi Xabier Casado)

ALZHEIMER Y NUTRICIÓN


La enfermedad de Alzheimer (EA) es una demencia progresiva que se manifiesta tempranamente con la pérdida de funciones sinápticas y de la capacidad de memorización del individuo. Corresponde a un tipo de amiloidosis. El amiloide en una proteína insoluble que resiste a la proteólisis. Las amiloidosis pueden ser sistémicas o limitadas a un órgano, y hereditarias o adquiridas; y su clínica dependerá del órgano en el que se haya depositado el material amiloide: glomerulonefritis, diabetes tipo 2, enfermedad de Alzheimer,... El diagnóstico se realiza mediante biopsia y tinción con rojo Congo. Para tomar la biopsia es de elección la grasa abdominal y, como segunda elección, la mucosa rectal.

Estudios de diversos grupos de investigadores han demostrado que la exposición de células al péptido ß-amiloide podría conducir a la apoptosis neuronal, la que es causada principalmente por estrés oxidativo, señales proinflamatorias, y por perturbaciones en el citoesqueleto. Esta neuro-toxicidad sugiere que oligómeros del péptido ß-amiloide podrían participar en las etapas primarias del proceso que conduce a la degeneración y muerte neuronal, y que ocurre en las primeras etapas de la EA

Los pacientes con EA muestran niveles más bajos de ácido docosahexaenoico (DHA, C22: 6; omega-3) en plasma y tejido cerebral, en comparación con controles pareados por edad. Además, los estudios epidemiológicos indican que una alta ingesta de DHA podría tener propiedades protectoras contra las enfermedades neurodegenerativas. Estas observaciones se sustentan por estudios in vivo que demuestran que las dietas ricas en DHA, limitan las lesiones sinápticas y disminuyen los defectos cognitivos inducidos por el péptido ß-amiloide. Aunque las bases moleculares de estos efectos neuroprotectores aún siguen siendo desconocidas, se han propuesto varios mecanismos, tales como: la regulación de la expresión de genes potencialmente protectores, la activación de vías antiinflamatorias, la modulación de las propiedades funcionales de las membranas neuronales, junto con cambios en las características estructurales y físico-químicas de las mismas.

El número de pacientes a los cuales se les diagnostica este desorden neuro-patológico ha aumentado considerablemente en todos aquellos países donde se ha producido un aumento de la expectativa de vida. Se ha estimado que un 5% de la población que bordea los 65 años es afectada por la EA. La prevalencia de esta enfermedad aumenta al doble cada 5 años sobre los 65 años, y muchos estudios sugieren que casi la mitad de la población de 85 años presenta síntomas relacionados con la enfermedad.

Los pacientes, además, presentan riesgo de deterioro del estado nutricional por cambios fisiológicos, socioeconómicos y psicológicos relacionados con la enfermedad, lo que se suma al proceso de envejecimiento. Un inadecuado estado nutricional puede afectar la condición general y el bienestar del paciente e influir en la evolución de la demencia, y, a su vez, ésta puede afectar el estado nutricional debido a que es común que los trastornos neurológicos graves alteren los mecanismos y las capacidades cognitivas y motoras necesarias para lograr una alimentación adecuada. Las lesiones subcorticales hipotalámicas afectan los centros reguladores del apetito y los procesos metabólicos que se encargan de regular el peso y la composición corporal constante. La apraxia y la agnosia pueden alterar la ingesta diaria si estos pacientes no reciben ayuda para el consumo de alimentos; pueden también presentar períodos de hiperfagia, disfagia, anorexia, pérdida de las habilidades de masticación y deglución, además de tener alterada su capacidad para obtener el alimento, prepararlo y llevarlo a la boca. La presencia de disfagia tanto con líquidos como con sólidos aumenta con el avance de la demencia. En los pacientes con demencia tipo Alzheimer, dichas alteraciones tienen consecuencias importantes como deshidratación, asfixia, congestión, desnutrición, infecciones recurrentes en el tracto respiratorio, neumonía por aspiración y hasta la muerte; el riesgo de neumonía también se ha relacionado con el estado nutricional y la respuesta inmune de los pacientes. Aunque escasa, hay evidencia que muestra que el manejo apropiado de la disfagia puede prevenir la neumonía.

Ciertos estudios han sugerido que las altas ingestiones de folato y de vitaminas B6 y B12 se relacionan con un menor riesgo con demencia tipo Alzheimer, aunque los reportes son inconsistentes. La deficiencia de folato, y de vitaminas B12 y B6 puede resultar en altas concentraciones de homocisteína en el plasma, lo cual se relaciona con un mayor riesgo de cardiopatía coronaria y arteriopatía periférica; la hiperhomocisteinemia se ha reportado hasta en 7% de quienes padecen la enfermedad de Alzheimer.


EL DHA COMO UN ÁCIDO GRASO ESENCIAL PARA EL SISTEMA NERVIOSO CENTRAL
Importancia del DHA para un normal funcionamiento cerebral
El DHA es un AGPICL altamente insaturado (posee 6 dobles enlaces) y que pertenece a la serie o familia de ácidos grasos poliinsaturados omega-3. Este ácido graso comúnmente se encuentra en tejidos y células de animales superiores (especialmente en el tejido cerebral, retina y espermatozoides). El DHA aportado por la dieta proviene mayoritariamente de alimentos de de origen marino (peces grasos o azules, y algas). Es el más importante en la constitución de las membranas plasmáticas neuronales y en los sinaptosomas neuronales (vesículas sinápticas), especialmente a nivel cerebral.

DHA Y ENFERMEDAD DE ALZHEIMER
Evidencias epidemiológicas
Recientes evidencias epidemiológicas sugieren una posible relación entre la dieta y la edad, con el deterioro cognitivo y alteraciones funcionales a nivel cerebral que caracterizan a la EA. Entre los factores nutricionales que influyen en la incidencia de EA destacan un bajo consumo de pescado, especialmente aquellos ricos en AGPICL omega-3. Además, ha sido posible establecer que un bajo consumo de pescado está asociado con un mayor riesgo de desarrollar algún grado de déficit cognitivo. De la misma manera, los resultados de un estudio poblacional reciente en mujeres de edad mediana sugieren que el colesterol dietario, y en menor medida la ingesta de ácidos grasos saturados, están asociados con un mayor riesgo de presentar la EA, mientras que el consumo de AGPICL, tales como el ácido eicosapentaenoico (EPA, C20: 5 Δ 5,8,11,14,17 omega-3) y el DHA, se asoció con una disminución en el riesgo de presentar un deterioro cognitivo, independientemente de las diferencias en edad, genero, nivel educacional, hábito de fumar, ingesta total de energía y factores de riesgo cardiovasculares. En el año 1929 se postulaba el potencial efecto beneficioso de los AGPI, aún no identificados en aquella época. Actualmente, numerosos estudios epidemiológicos han respaldado estos efectos, sobre todo en diversos trastornos neurológicos tales como la esquizofrenia, depresión, migraña, en enfermedades inflamatorias tales como artritis reumatoldea, asma, y esclerosis múltiple, así como en algunos tipos de cáncer y en las enfermedades cardiovasculares.
Déficit de DHA y enfermedad de Alzheimer
Diversos estudios han establecido que el riesgo de presentar la EA se correlaciona con un déficit a nivel cerebral de DHA. De hecho, el DHA en las neuronas cerebrales disminuye con la edad, pudiendo resultar en una pérdida de diversas funciones cerebrales. Recientes estudios in vivo, han demostrado que la reducción del DHA en la dieta originaría una disminución de la actividad post-sináptica y alteraciones en el comportamiento, mientras que una dieta enriquecida con DHA podría prevenir estos efectos. En el tejido cerebral, el DHA presentaría una actividad protectora contra el péptido ß-amiloide, especialmente en la producción, acumulación y toxicidad asociada a esta macromolécula. Además, el DHA disminuiría el deterioro en las capacidades cognitivas asociadas a la exposición al péptido ß-amiloide. Estos antecedentes proporcionan un vínculo entre el DHA y la homeostasis neuronal, la patogénesis de la EA y los efectos neurotóxicos del péptido ß-amiloide. Por otra parte, varios estudios establecen que la administración de suplementos nutricionales que contienen DHA, puede afectar positivamente tanto el crecimiento como la arborización neuronal, lo cual indicaría que los AGPICL omega-3 pueden tener un rol decisivo en la correcta diferenciación neuronal.










Bibliografía


Diagnóstico del estado nutricional de los pacientes con demencia tipo Alzheimer registrados en el Grupo de Neurociencias. Angélica María Muñoz, Gloria María Agudelo, Francisco Javier Lopera (Internet) Medellín, 2004. Disponible en:

La alimentación del enfermo de Alzheimer en el ámbito familiar. J. J. Botella Trelis* y M.ª I. Ferrero López. (Internet) 2004. Disponible en: http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0212-16112004000300006

ácido docosahexaenoico (dha): una perspectiva nutricional para la prevención de la enfermedad de alzheimer. Rodrigo Valenzuela B. (1), Karla Bascuñan G. (1), Alfonso Valenzuela B. (2) (Internet) 2008. Disponible en: http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0717-75182008000400001&script=sci_arttext


AUTOR: Roi Xabier Casado

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